La Declaración de los firmantes del Acuerdo de Gernika con relación a las víctimas de la(s) violencia(s), recibida con frialdad, dista mucho de satisfacer las expectativas que dirigentes de la izquierda abertzale habían creado en los meses previos.
Se están moviendo cosas que parecían inamovibles entre quienes han practicado o justificado la violencia, y ojalá esos movimientos los conduzcan más pronto que tarde al reconocimiento del grave error y del daño causado, así como a la imprescindible reparación de este. Es positivo que proclamen la necesidad de que se conozca la verdad de lo sucedido y que inicien su andadura por el camino de la reparación. Necesitarán su tiempo, pero no por ello se debe bajar la guardia en la defensa permanente del único rearme que necesitamos, el rearme ético, y nadie debería recorrer ni un milímetro en sentido inverso el camino que ellos han emprendido y deben apurar hasta el final. El rebaje ético sería siempre nefasto para construir una paz duradera y justa, no ficticia. Una cosa es que necesiten tiempo y que pretendan edulcorar su fracaso por no haber arrancado concesiones políticas mediante la “estrategia combinada” recurriendo a relatos de consumo interno dirigidos a diluir su responsabilidad en la inútil persistencia del terrorismo durante tantos años de democracia. Pero otra cosa sería que, además, dichos mensajes fueran incorporados al discurso colectivo. Ahí no caben medias tintas, nos jugamos el futuro de nuestra sociedad. Sigue leyendo





