El Aberri Eguna nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre la nación vasca posible y deseable en la perspectiva del siglo XXI, en el contexto recentralizador del Estado español y de una Europa convulsa y en refundación, en la que debemos evitar quedar arrinconados.
Cabe distinguir dos formas de concebir la nación, y también la identidad: la concepción cívica o ciudadana y la etnicista-historicista. Mientras la primera sitúa en el centro de gravedad a la ciudadanía y su inherente diversidad identitaria, la segunda pone el acento en una determinada forma de “ser” vasco. La opción deseable de convivencia en una sociedad compleja como la vasca es, sin duda, la primera. Hoy no existe una identidad nacional pura e impermeable, y pretenderla sería contrario a la libertad. En consecuencia, el nacionalismo deseable es, en mi opinión, el nacionalismo democrático abierto e incluyente. Sigue leyendo






