Paradojas del euskera

El Día Internacional del Euskera nos es útil, entre otras cosas, para proclamar el valor universal del euskera. Es decir, para afirmar que el euskera, en tanto que lengua viva y apta para todos los usos y ámbitos, ocupa un lugar de pleno derecho entre los idiomas del mundo, con el mismo rango y capacidades de todos los demás. Y esa proclama es ciertamente acertada, pues la armonía universal entre los idiomas constituye una de las más bellas metáforas de la hermandad que debería unirnos a todos los seres humanos.

En efecto, el Día Internacional del Euskera nos congrega a todos sin mayores dificultades, puesto que todos, hablemos o no euskera, nos sentimos custodios y responsables del patrimonio vasco. Parecemos, por tanto, dispuestos a reconocer el valor del euskera ante el mundo; más aún, somos incluso capaces, sin especial esfuerzo, de conjugar su valor simbólico con el práctico. Felicitémonos por ello. Pero ¿no nos estaremos conformando demasiado fácilmente?

“¿A qué viene semejante pregunta, en este ambiente de serena celebración?”, me preguntará, tal vez, quien tienda a confundir serenidad y aceptación acrítica. Le responderé, por si tal cuestión se pudiera plantear también desde el candor: detectamos algunas paradojas entre las proclamas a favor del euskera, realizadas normalmente con amplio consenso, y ciertas realidades que la vida cotidiana nos pone de manifiesto.

Es una paradoja, por ejemplo, que la parte de la sociedad vasca que únicamente es capaz de funcionar en castellano o francés desconozca prácticamente por completo la producción cultural en euskera. Es una paradoja, y ciertamente dolorosa para los vascohablantes, que se considere como único bilingüismo eficaz aquel que se sustancia mediante alguna de las lenguas francas operativas en los circuitos internacionales. Es una paradoja, rotunda, la actitud de aquellos vascohablantes que constriñen el euskera a la función de lengua únicamente destinada a la comunicación con los hijos o a la esfera escolar. Es una paradoja, verdaderamente grave, el criterio antidemocrático que reduce el papel de las instituciones en el esfuerzo por la normalización del euskera al de meros proveedores de fondos, de la misma manera que constituye, a su vez, una paradoja la actitud simétricamente antidemocrática.

Abundan, por tanto, las paradojas en torno a la normalización del euskera, paradojas que provienen de muy diversos sus orígenes y apuntan en muy diversas direcciones. Tal diversidad de orígenes y direcciones nos impide establecer un remedio basado en un único diagnóstico.

En cualquier caso, es mucho lo que, de común acuerdo entre ciudadanos e instituciones, hemos logrado desde la aprobación, hace ahora veinticinco años, de la Ley del Euskera. La sociedad vasca se ha regalado a sí misma logros que los vascófilos apenas nos atrevíamos a soñar antes de la aprobación de dicha norma: los sólidos avances operados en la educación, el terreno que el euskera ha ganado en el ámbito de los medios de comunicación, la homologación de la producción cultural en euskera, la red día a día más tupida que se está tejiendo merced al esfuerzo de internacionalización del euskera…

Pero, al margen de esos y otros logros —y, por supuesto, al margen de las sombras del proceso, pues no seré yo quien niegue que las ha habido—, considero que el legado de quienes elaboraron, debatieron y acordaron la Ley del Euskera pertenece a la categoría de los principios fundamentales: a partir de posiciones diferentes, supieron identificar las necesidades del euskera. Desde la perspectiva de posiciones político-ideológicas verdaderamente distantes entre sí, fueron capaces de definir los derechos lingüísticos de todos los ciudadanos vascos y, al mismo tiempo, encomendar a las instituciones la responsabilidad suprema de su salvaguarda. De aquel día en adelante, nadie puede, lícitamente, convertir en patrimonio exclusivo la preocupación por el fomento del euskera ni la labor que a tal fin se lleva a cabo, así como tampoco le será lícito a nadie hacer de tal labor y preocupación bandera de ideología alguna. De la misma manera, la sociedad vasca apartó de sí la indolencia respecto al euskera, ese mal que los vascohablantes hemos padecido, bajo mil aspectos distintos, durante tanto tiempo.

Pero la Ley del Euskera puso punto final a algo más aún: la sociedad vasca cerró para siempre el paso a la imposición de cualquier signo en materia lingüística, al tiempo que establecía claramente el acuerdo como modelo de trabajo.

Quienes hoy trabajamos en el ámbito de la normalización lingüística, tanto desde las instituciones como desde las estructuras sociales profesionales o de voluntariado, somos, en consecuencia, hijos de aquel acuerdo. Y debemos desempeñar nuestra labor con arreglo a ello, tanto más cuanto mayor sea nuestra conciencia respecto a la verdadera dimensión del desafío que tenemos ante nosotros: si no queremos que los avances registrados en lo relativo al conocimiento del euskera se diluyan en la nada, los próximos avances han de operarse, y con toda urgencia, en el terreno del uso del euskera, y dichos avances deben ser tan eficaces como los realizados en el área del conocimiento. De lo contrario, abriríamos paso a una paradoja mucho más grave que todas las anteriores: formaríamos una sociedad nominalmente vascohablante que, en la práctica, habría renunciado al euskera.

Pero ese consenso, que requiere ser continuamente renovado, ha de contener dos principios básicos: debe ser democrático y eficaz. Democrático, en tanto que respete el juego de mayorías y minorías que refleja la voluntad de la sociedad, desechando para siempre cualquier imposición y marginación. Eficaz, en tanto que apueste por la sensibilidad lingüística, camino recto que nos conducirá al incremento del uso del euskera.

Contamos, en definitiva, con el instrumento legal adecuado, y son aún muy abundantes los beneficios que debemos extraer de sus potencialidades quienes apostamos resueltamente por las vías democráticas también en lo tocante a la normalización del euskera. Diría aún más: todos los ciudadanos como las instituciones que trabajamos en pro de la extensión del uso del euskera estamos obligados a desarrollar e implementar en su totalidad el marco jurídico que nuestra sociedad se dio a través del Parlamento Vasco, puesto que, además de constituir un instrumento que ha demostrado, demuestra y demostrará con toda claridad su plena eficacia, es el punto de referencia que nos marca en qué dirección, cómo y a qué ritmo desea dirigirse la gran mayoría de la sociedad vasca en el proceso de normalización del uso del euskera.

Todos somos imprescindibles en tal empeño: tanto los que hablamos euskera como los que no lo hablan, tanto los individuos como los colectivos, tanto estructuras sociales organizadas como las instituciones. Y todos los esfuerzos que se sustenten sobre la base del respeto democrático merecen ser integrados en esta tarea. En definitiva, cuando convocamos al trabajo en pro de la normalización del uso del euskera, estamos convocando a trabajar por una convivencia sana.

El virus Ukan, ese saludable virus que propaga la convivencia, nos lo ha dejado muy claro recientemente: pixka bat es mucho.

 

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Euskararen paradoxak

Euskararen balio unibertsala aldarrikatzen dugu, besteak beste, Euskararen Nazioarteko Egunean. Hau da, euskara bizi eta noranahikoak baduela eskubide osoko tokirik mundu zabaleko hizkuntzen artean, besteen kide, gainerakoen pareko, guztien neurriko. Eta zuzen ari gara, jakina, aldarrikapen hori egiten dugunean, hizkuntzen arteko harmonia unibertsala baita gizakiok elkar lotu beharko gintuzkeen anaitasunaren metaforarik ederrenetarikoa.

Izan ere, batere nekerik gabe biltzen gaitu guztiok Euskararen Nazioarteko Egunak, denok sentitzen baikara, euskaldun zein erdaldun, euskal ondarearen zaintzaile eta arduradun. Badirudi, beraz, denok prest gaudela euskararen balioa munduaren aurrean onestera; are gehiago, balio sinbolikoa eta praktikoa uztartzeraino ere iritsi ohi gara, aparteko nekerik gabe. Bejondeigula. Baina ez ote gara, horrenbestez, errazegi konformatzen?

“Zertara dator, ordea, horrelako galdera bat, ospakizun giro bare honetan?”, galdetuko dit, akaso, giro barea eta kritikarik gabeko onespena nahasten dituen bakarren batek. Erantzungo diot, hala ere, galdera hori erarik xaloenean ere egin litekeelakoan: paradoxa batzuk antzeman ditzakegu euskararen aldeko aldarrikapen normalean adostasun handikoen eta eguneroko bizitzak agerian jartzen dizkigun hainbat egitateren artean.

Paradoxa da, adibidez, gaztelaniaz edo frantsesez soilik funtzionatzen dakien euskal gizartearen zatiak euskarazko kultur ekoizpenaz duen ezagutza guztiz murritza. Paradoxa da, eta euskaldunontzat benetan mingarria, eleaniztasun eraginkor bakartzat hartzea soili-soilik nazioarteko zirkuituetarako baliagarriak diren lingua franca horietako baten bidez gauzatzen dena. Paradoxa da, latza, euskara seme-alabekin mintzatzeko edota eskolako gaietarako hizkuntzatzat duten euskaldunen jokabidea. Paradoxa da, benetan larria, euskararen normalkuntzaren aldeko eginahalean herri erakundeak diru-hornitzaile soiltzat hartzen duen irizpide antidemokratikoa, alderantzizko jarrera simetrikoki antidemokratikoa ere paradoxa den bezala.

Ugari dira, beraz, euskararen normalkuntzaren inguruko paradoxak, eta iturburu eta norabide askotarikoak. Hain askotarikoak, ezin baitugu diagnosi bakar baten araberako sendabiderik bilatu.

Nolanahi ere, asko da euskal herritarrok eta herri erakundeek elkar hartuta lortu duguna, Euskararen Legea duela hogeita bost urte onartu zenetik hona. Arau horren aurretik euskaltzaleok amesten ere ozta-ozta ausartzen ginen lorpenak dira euskal gizarteak bere buruari oparitu dizkionak: irakaskuntzan gauzaturiko urrats irmoak, hedabideen alorrean euskarak irabazitako tokia, euskal kulturgintzaren homologazioa, euskara nazioarteratzeko ahaleginean osaturiko sare egunez egun sarriagoa…

Baina, lorpenak lorpen —eta, jakina, itzalak itzal, ez bainaiz ni izango halakorik ere izan denik ukatuko duena—, oinarri nagusien alorrekotzat jotzen dut nik Euskaren Legea landu, eztabaidatu eta adostu zuten haiek oinordetzan utzi digutena: jarrera ezberdinetatik abiatuta, asmatu zuten euskarak behar zuena zehazterakoan. Jarrera politiko-ideologiko guztiz ezberdinen talaietatik, gai izan ziren euskal herritar guztion hizkuntz eskubideak zehazteko eta, horrekin batera, eskubide horien zaintzaren ardura nagusia herri erakundeei emateko. Egun hartatik aurrera, ez da inorentzat zilegi euskaren aldeko kezka eta lana ondare propiotzat hartzea, edo ideologia jakin baten ikur gisa erabili nahi izatea. Era berean, euskal gizarteak alde batera utzi zuen euskarenganako axolagabekeria, euskaldunok luzaroan eta milaka aurpegiz pairatu behar izan duguna.

Baina ez da hori bakarrik Euskaren Legea onestearekin batera amaitu zena: euskal gizartearen gehiengo zabal batek betiko itxi zion bidea hizkuntzaren alorreko ezein inposiziori, adostasunaren eredua erarik garbienean finkatuz.

Adostasun haren seme-alabak gara, beraz, gaur hizkuntz normalkuntzaren alorrean lanean dihardugunok, bai herri erakundeetan, bai gizartearen egitura profesional nahiz borondatezkoetan. Eta horren arabera jokatu behar dugu geure eguneroko jardunean, are gehiago aurrean dugun erronkaren neurriaz jabetzen bagara: euskararen ezagutzaren alorrean aurreratutakoa alferrik galdu nahi ez badugu, erabilerarenean eman behar dira, premia osoz gainera, hurrengo urratsak, eta urrats hauek ezagutzaren alorrekoak bezain eraginkorrak izan behar dute. Bestela, aurreko guztiak baino paradoxa are latzagoari irekiko genioke atea: gizarte izenez euskalduna eta izanez euskararik gabea osatuko genuke.

Baina etengabean berritu beharreko adostasun horrek bi ezaugarri nagusi bildu behar ditu: demokratikoa eta eraginkorra izatea. Demokratikoa, gizartearen borondateak islatzen dituen gehiengo-gutxiengoekiko errespetuz jokatzen duelako, inposizioa eta bazterkeria betiko alboratuz. Eraginkorra, hizkuntz sentiberatasunaren aldeko apustua egiten duelako, eta hori da euskararen erabilera areagotzeko bide zuzena.

Badugu, beraz, lanabes egokia lege alorrean, eta ugari da, oraindik ere, haren ahalmenetatik atera behar ditugun onurak, euskararen normalkuntzan ere bide demokratikoen aldeko apustu garbia egiten dugunok. Gehiago esango nuke nik: euskararen erabilera zabaltzeko lanean dihardugun herritar nahiz herri erakunde guztiok behartuta gaude gure gizarteak, Euskal Legebiltzarraren bidez, bere buruari eman zion marko juridikoa erabat garatu eta mamitzera, erabateko baliagarritasuna garbi asko erakutsi duen, erakusten ari den eta erakutsiko duen tresna izateaz gain, hark zehazten duelako euskal gizartearen gehiengo zabalak nora, nola eta nolako pausuz iritsi nahi duen, euskaren erabilera normaltzeko bidean.

Guztiok gara eginahal horretan ezinbestekoak: euskaldunok nahiz erdaldunak, norbanakoak nahiz kolektiboak, gizarte-taldeak zein herri erakundeak. Eta gehiengoarekiko errespetu demokratikoan bermaturiko ahalegin guztiak dira langintza horretan onartzekoak. Azken batean, elkarbizitza osasuntsu baten aldeko lanera deitzen ari gara, euskararen erabilera normaltzearen alde deitzen dugunean.

Ukan birusak, elkarbizitza kutsatzen duen birus onuragarriak, garbi asko utzi berri digu kontua: pixka bat es mucho.

 

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Euskara eta informazio anitza, etorkizun koloretsuagorako zubi

“Elebitasunak malguagoa egin du gure gizartea” dio Dyane Adamsek, Kanadako Hizkuntza Ofizialetarako komisarioak, eta ez litzateke inor harrituko baieztapen biribil horri honako hau erantsiko bagenio: hedabideen aniztasunak gizarte koloretsuagoa dakar.

Euskararen Nazioarteko Egunak ekarri zidan gogora lehenbiziko esaldia, eta ALDAKETA 16 astekariaren urteurrenak, berriz, bigarrena. Bietan da, ordea, izpiritu bera: ederki laburbiltzen dute bi-biek Euskal Autonomia Erkidegoko aginte publikoak aspaldi honetan mamitzen ari diren hizkuntza eta zabalkunde politika. Bestela esanda: bi baieztapen horietan dago hizkuntza eta zabalkunde politika aurrerakoi eta eraginkor baten gakoa, etorkizunerako giltza izan nahi duena, eta ez iraganeko urmaelean tinkoturiko aingura.

Kolore anitzetako gizarte malguak, ordea, aldez aurretiko baldintza du ezinbestekoa: elkarbizitzarako gaitasun eta borondate irmoa, herritar bakoitzarengandik hasita instituzioen mailarik goreneraino. Horra modernotasunaren ezaugarririk behinenetariko bat.

Aniztasunaren eta ezagutzaren aroan bizi gara, eta askatasunaren sinonimo eta oinarri diren bi kontzeptu horien eskutik, elkarrenganako errespetu eta komunikazioa datoz, eta elkarrenganako errespetu eta komunikazioaren eskutik, elkarbizitza. Kate honi etengabe erreparatuta heldu beharko diote bai euskarak bai eta informazioak ere beren aurrerabideari. Hobe esanda: askatasuna, errespetua, komunikazioa eta elkarbizitza elkar estuki lotzen dituen sokari irmo helduta ibili beharko dugu, euskaltzaleok eta euskal herritar guztiok, euskara eta informazioa gurean erabat normaltzeko bidea. Edo —bat eta bera baitira— elebitasun eta informazio orekatu eta eraginkor baterako bidea.

Euskal gizartea hasita dago, gau luzeegi baten ondoren, etorkizun koloretsuago baten itxaropenean oinak tinkotzen. Ikasten ari gara, pixkanaka, ezinbestekoa dugula adostasuna eta nahitaezkoa elkartasuna. Adostasunez eta elkartasunez diseinatu beharko ditugu, beraz, etorkizunerako politikak, hizkuntz normalkuntzaren alorrekoa eta informazio anitzaren esparrukoa barne.

Baina aitortu behar dut, aurrekoa bezain ozen eta garbi, adostasunerako asmoa sendoa izanagatik ere ezin dugula demokraziaren oinarri-oinarrian dagoen gehiengo-gutxiengo jokoa balizko kontsentsuen uretan ito. Ez baita onargarria mutur bateko zein besteko joeren hipoteka, zeinahi direlarik ere haien diskurtsoen atzean ezkutatzen diren identitate edo unibertsaltasun aizunen aldarriak.

Zinez bestelakoa da gure kaleetan zehar dabilen Ukan birus osasungarriaren mezua: elkarbizitza, bakea bezala, aldi eta era berean da bide eta helburu onargarri bakarra, elebitasunaren eta informazio anitzaren bidetik modernitate justu baterantz abiatu nahi duen gizartearentzat.

Ugari dira, gurean, ideia hori ulertu eta mamitu dutenak: asko euskaldundu dira, eta beste asko euskaldun izateko bidean jarri dituzte seme-alabak, eta, horrenbestez, euskararen ezagutzaren desafioa irabazten ari gara; asko gara, era berean, albisteak iturri bat baino gehiagotatik jasotzen eta baloratzen ditugunok, eta, horrenbestez, irizpide askearen gudua irabazten ari gara.

Azken batean, elkarbizitzarako gaitasunak gizaki hobeak egiten bagaitu, eleaniztasunak eta informazioaren aniztasunak herritar hobeak egiten gaituzte. Izan ere, Ghoete handiak zioen hari: “norberaren hizkuntza baino ezagutzen ez duenak, ez du norberarena ezagutzen”, guk beste hau erants diezaiokegu: norberaren pentsamendua transmititzen duen informazioa baizik ezagutzen ez duenak, ez du norberaren pentsamendua ezagutzen.

 

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El euskera, un activo más para la empresa innovadora

La extensión del uso del euskera en el mundo laboral es hoy una realidad incuestionable. Estos últimos meses nos están reportando noticias a todas luces positivas, que vienen a corroborar el progresivo avance que se está dando hacia un entorno laboral más bilingüe, acorde con el proceso de recuperación y normalización del euskera que está impulsando la sociedad vasca en los más diversos ámbitos de la vida social.

En efecto, cada vez más, las empresas de nuestro entorno, optan por integrar el uso del euskera en su quehacer diario, cada una según sus propios objetivos, ritmos y posibilidades. Actualmente más de cien empresas y organizaciones -muchas de ellas punteras y de reconocido prestigio incluso fuera de nuestras fronteras- ponen lo mejor de sí mismas desarrollando planes de uso del euskera para tratar de conseguir que el bilingüismo sea un activo más, un valor añadido en su realidad empresarial.

Es precisamente el carácter emprendedor e innovador el que ha motivado a las empresas pioneras a introducir el euskera como un elemento normalizado en sus relaciones internas y en sus relaciones con clientes y proveedores, buscando con ello remarcar un modelo o perfil propio y comprometido con su entorno más próximo. Y es que siendo, como lo es, cada vez mayor el porcentaje de población bilingüe en nuestra comunidad, y teniendo en cuenta que ésta aumenta en las generaciones más jóvenes, que son, a su vez, las mejor preparadas, integrar el bilingüismo en la cultura de la empresa es una segura apuesta de futuro.

Apuesta de futuro que viene gestándose ya desde la década de los 90 cuando el Gobierno Vasco, de la mano de esta Viceconsejería de Política Lingüística, y en colaboración con otras entidades, puso en marcha el programa para el fomento del uso del euskera en el mundo laboral, mediante la implantación de planes de euskera ad hoc en diversas empresas precursoras. Lo que por aquellos años fue un programa piloto dirigido a grandes empresas tractoras, es hoy un proyecto consolidado que se está extendiendo también a otras empresas, especialmente a aquellas grandes entidades o centros con un gran número de consumidores y usuarios.

Por lo tanto, creemos que es el momento de capitalizar el esfuerzo realizado estos años, aprovechando el saber hacer obtenido y la experiencia acumulada; que es el momento de extender el modelo de actuación a un mayor número de empresas de la manera más eficaz y eficiente posible.

Por ello, la Viceconsejería de Política Lingüística del Gobierno Vasco ha desarrollado durante los pasados meses un importante trabajo para recabar la implicación y aportación de los principales agentes sociolaborales y hacerles partícipes de la política de normalización del euskera en el sector. La propuesta de colaboración de esta Viceconsejería ha tenido una inmejorable acogida por parte de los principales representantes de las organizaciones empresariales y de los sindicatos de los trabajadores, lo que ha posibilitado la firma de sendos acuerdos de colaboración con todos los representantes empresariales (CONFEBASK, ADEGI, CEBEK y SEA) y con los principales sindicatos de trabajadores (ELA, CCOO, LAB y UGT). La Viceconsejería de Política Lingüística considera que estos acuerdos son un auténtico hito en el proceso de recuperación del euskera y pueden, asimismo, establecer una importante referencia de consenso y colaboración para sectores incluso más amplios que el propio ámbito laboral. Como contrapartida al compromiso y responsabilidad asumidos por las organizaciones del sector, el Gobierno Vasco se ha comprometido a ofrecer asesoría, asistencia técnica y ayudas económicas para que las empresas interesadas puedan aprobar sus propios y específicos planes de uso del euskera, planes que serán desarrollados según las necesidades y objetivos establecidos por y para cada una de ellas.

Para responder con eficacia al nuevo impulso que, sin duda, requerirá en el futuro próximo el conjunto del ámbito laboral en su firme apuesta por el bilingüismo, el Gobierno Vasco, conjuntamente con las Diputaciones Forales de Álava, Bizkaia y Gipuzkoa y EUDEL, ha presentado recientemente el programa LanHitz, un programa de carácter integral cuyos objetivos son, entre otros, asesorar e informar de manera presencial y directa, a las empresas que así lo deseen, sobre las estrategias, ayudas, servicios, etc. para la integración del euskera en las empresas. Basándonos en la experiencia acumulada en los últimos años, hemos desarrollado en LanHitz un Marco de Referencia Estándar que persigue la homogeneización y estandarización de los planes de euskera, para que las empresas y los establecimientos puedan fijar más fácilmente sus objetivos de normalización lingüística.

Asimismo, siendo conscientes de que la eficiencia en las actuaciones es una premisa clave en la gestión empresarial, la Viceconsejería de Política Lingüística ha suscrito con Euskalit-Fundación Vasca para el Fomento de la Calidad un convenio de colaboración para ofrecer una herramienta adecuada de evaluación a las entidades privadas que están desarrollando sus planes de euskera, de acuerdo con los criterios y parámetros recogidos en los vigentes sistemas de certificación de calidad; en definitiva, un sistema de evaluación del grado de progreso de los procesos de normalización lingüística de las empresas. Este certificado público que asociará calidad y euskera supondrá un paso decisivo en el desarrollo del programa-marco LanHitz y un reconocimiento del grado de cumplimiento de los compromisos previamente establecidos por cada empresa, constituyendo una valor añadido para las mismas.

Cabe señalar en relación a la financiación de estos planes de uso del euskera, que esta Viceconsejería ha publicado recientemente la Orden de concesión de subvenciones para la elaboración y gestión de los mismos en 2006 con una cuantía inicial de 1.825.000 €, lo cual supone un incremento del 63% sobre la dotación del pasado año. Estas subvenciones han tenido como beneficiarias a 121 entidades privadas y corporaciones de derecho público

Sabemos que es necesario impulsar políticas activas y buscar la complicidad e implicación de empresarios, sindicatos y trabajadores, para garantizar que el euskera continúe siendo una realidad creciente también en el mundo laboral.

Y por supuesto creemos también en la extraordinaria aportación que nuestras empresas, tan enraizadas siempre en nuestra comunidad, pueden hacer en beneficio de una sociedad vasca más integrada y cohesionada también en lo lingüístico, mediante su contribución a una mayor utilización del euskera en el ámbito laboral. En todo caso, además, serán las propias empresas las principales beneficiarias de una mayor presencia del euskera en su actividad, porque el uso cada vez mayor del euskera será sinónimo de más calidad, más innovación y mejor servicio en una sociedad cada vez más bilingüe. Las empresas de Euskadi tienen mucho que ganar y nada que perder con el euskera. Las empresas pueden proporcionar a la sociedad vasca no sólo riqueza económica, sino también cohesión social. La sociedad vasca va camino del bilingüismo, y junto a ella irán las empresas que decidan emprender planes de euskera. En ese empeño, naturalmente, contarán con todo el apoyo del Gobierno y del resto de las instituciones vascas.

Artículo de opinión de Patxi Baztarrika Galparsoro Viceconsejero de Política Lingüística del Gobierno Vasco

 

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El euskera, puente para una sociedad multicolor y flexible

“El bilingüismo nos ha convertido en una sociedad más flexible” afirma Dyane Adams, comisaria para las lenguas oficiales de Canadá, y la misma experta, en otro pasaje, pone el contrapunto al aserto anterior: “El monolingüismo es una visión monocolor del mundo”.

Si he traído ambas frases como preámbulo a las reflexiones que me suscita la celebración del Día Internacional del Euskera, ello se debe fundamentalmente a dos motivos: por una parte, se trata de ideas que provienen de un contexto cultural y de una realidad lingüística claramente diferentes; y, por otra, ambas sintetizan de forma inmejorable el espíritu de la política lingüística que vienen practicando desde hace ya tiempo los poderes públicos de la Comunidad Autónoma Vasca. Dicho de otro modo: esas dos afirmaciones contienen el núcleo de un política lingüística progresista y eficaz que desea ser llave del futuro, y no ancla fondeada en las costas del pasado.

Pero una sociedad multicolor y flexible plantea una premisa ineludible: una acrisolada capacidad de convivencia y la firme voluntad de ponerla en práctica por parte de todos y cada uno de los ciudadanos e instituciones. He ahí una de las características esenciales de la modernidad.

Vivimos en la era de la diversidad y del conocimiento, y esos dos conceptos, sinónimos y piedras angulares de la libertad, traen de la mano el respeto mutuo y la comunicación, y de la mano del respeto mutuo y la comunicación viene la convivencia. El euskera deberá progresar sin perder de vista un instante esa concatenación de valores. O, para ser más preciso, y puesto que no es el euskera quien hace política, sino las personas, sean o no vascohablantes (o, si se prefiere, sean bilingües o monolingües): independientemente del grado de afección por el euskera que sienta cada cual, todos los ciudadanos deberemos avanzar firmemente asidos a la cordada del respeto, la comunicación y la convivencia para ganar sin contratiempos la cima de la plena normalización del euskera en el seno de nuestra sociedad. O, lo que es lo mismo, un bilingüismo equilibrado y eficaz.

La sociedad vasca comienza, tras una larga noche, a disfrutar la firme esperanza de un futuro multicolor. Aprendemos, poco a poco, que el acuerdo es imprescindible y la solidaridad, ineludible. En consecuencia, habremos de diseñar las políticas de futuro, incluida la relativa a la normalización lingüística, a base precisamente de acuerdo y solidaridad.

Pero debo reconocer, con idéntica energía y claridad, que por sólida que sea la determinación de acordar, no podemos consentir que el juego de mayorías y minorías, verdadera esencia de la democracia, se ahogue en un torbellino de consensos perpetuamente pospuestos. Y es que no es aceptable la hipoteca que pretenden imponer los defensores de uno u otro monolingüismo, sean cuales fueren las proclamas de identidad o universalidad espurias que se oculten tras sus discursos.

Bien distinto es, verdaderamente, el mensaje que Ukan, ese saludable virus, está propagando estos días por nuestras calles: la convivencia, como la paz, son al mismo tiempo y de la misma manera fin y medio para una sociedad que desea avanzar por la senda del bilingüismo hacia una modernidad equitativa.

Abundan entre nosotros quienes han comprendido y puesto en práctica esa idea: muchos han aprendido euskera, y muchos otros han puesto los medios para que sus hijos e hijas lo aprendan, gracias a lo cual estamos ganando el desafío del conocimiento del euskera. Llegamos ahora a otra vuelta del camino: debemos usar el euskera que sabemos en todos los ámbitos de la vida. Se trata, en definitiva, de cumplir en la práctica el precepto básico de la convivencia entre lenguas y hablantes.

En efecto, eso es precisamente lo que queremos decir cuando afirmamos que “el euskera nos pertenece a todos”: la tarea de facilitar la operatividad de la opción lingüística que los ciudadanos bilingües puedan realizar es un deber de los ciudadanos e instituciones, y no algo que pueda confiarse únicamente a la conciencia y empeño de los ciudadanos bilingües. El derecho de los ciudadanos bilingües jamás es fuente de conflicto; si se suscitara algún conflicto, éste provendrá siempre de actitudes que nada tienen que ver con las normas de la convivencia, y nos corresponde a todos los ciudadanos vascos, sea cual fuere la opción lingüística de cada cual, la tarea de desterrar de entre nosotros tales actitudes.

En definitiva, si la capacidad de convivir nos hace mejores, la pluralidad lingüística nos hace mejores ciudadanos. Porque, como decía el gran Ghoete, “quien no conoce otras lenguas no conoce la propia”.

 

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Euskara, gizarte koloretsu malgurako zubi

“Elebitasunak malguagoa egin du gure gizartea” dio Dyane Adamsek, Kanadako Hizkuntza Ofizialetarako komisarioak, eta aditu berak, beste pasarte batean, kontrapuntua ezarriz aurrekoari: “Mundua kolore bakar batez ikusteko modua da elebakartasuna”.

Euskararen Nazioarteko Egunak eragiten dizkidan gogoeten atarirako esaldi horiek ekarri baldin baditut, bi arrazoirengatik izan da, nagusiki: batetik, oso bestelako kultur testuinguru eta hizkuntz errealitatetik datozkigun ideiak direlako; eta, bestetik, ederki laburbiltzen dutelako bi-biek Euskal Autonomia Erkidegoko aginte publikoak aspaldi honetan mamitzen ari diren hizkuntza politika. Bestela esanda: bi baieztapen horietan dago hizkuntza politika aurrerakoi eta eraginkor baten gakoa, etorkizunerako giltza izan nahi duena, eta ez iraganeko urmaelean tinkoturiko aingura.

Kolore anitzetako gizarte malguak, ordea, aldez aurretiko baldintza du ezinbestekoa: elkarbizitzarako gaitasun eta borondate irmoa, herritar bakoitzarengandik hasita instituzioen mailarik goreneraino. Horra modernotasunaren ezaugarririk behinenetariko bat.

Aniztasunaren eta ezagutzaren aroan bizi gara, eta askatasunaren sinonimo eta oinarri diren bi kontzeptu horien eskutik, elkarrenganako errespetu eta komunikazioa datoz, eta elkarrenganako errespetu eta komunikazioaren eskutik, elkarbizitza. Kate honi etengabe erreparatuta heldu beharko dio euskarak ere bere aurrerabideari. Hobe esanda, euskara ez baita politika egiten duena, euskaldunok eta erdaldunak baizik (edo nahiago izanez gero: elebidunok eta elebakarrak): askatasuna, errespetua, komunikazioa eta elkarbizitza elkar estuki lotzen dituen sokari irmo helduta ibili beharko dugu, euskaltzaleok eta euskal herritar guztiok, euskara gurean erabat normaltzeko bidea. Edo —bat eta bera baitira— elebitasun orekatu eta eraginkor baterako bidea.

Euskal gizartea hasita dago, gau luzeegi baten ondoren, etorkizun koloretsuago baten itxaropenean oinak tinkotzen. Ikasten ari gara, pixkanaka, ezinbestekoa dugula adostasuna eta nahitaezkoa elkartasuna. Adostasunez eta elkartasunez diseinatu beharko ditugu, beraz, etorkizunerako politikak, hizkuntz normalkuntzaren alorrekoa barne.

Baina aitortu behar dut, aurrekoa bezain ozen eta garbi, adostasunerako asmoa sendoa izanagatik ere ezin dugula demokraziaren oinarri-oinarrian dagoen gehiengo-gutxiengo jokoa balizko kontsentsuen uretan ito. Ez baita onargarria mutur bateko zein besteko elebakartzaleen hipoteka, zeinahi direlarik ere haien diskurtsoen atzean ezkutatzen diren identitate edo unibertsaltasun aizunen aldarriak.

Zinez bestelakoa da egunotan gure kaleetan zehar dabilen Ukan birus osasungarriaren mezua: elkarbizitza, bakea bezala, aldi eta era berean da bide eta helburu onargarri bakarra, elebitasunaren bidetik modernitate justu baterantz abiatu nahi duen gizartearentzat.

Ugari dira, gurean, ideia hori ulertu eta mamitu dutenak: asko euskaldundu dira, eta beste askok euskaldun izateko bidean jarri dituzte seme-alabak, eta, horrenbestez, euskararen ezagutzaren desafioa irabazten ari gara. Bidearen beste bihurgune batera iritsi gara orain: dakigun euskara bizitzaren eginkizun guztietarako erabiltzea. Hau da, hizkuntzen eta hiztunen arteko elkarbizitzaren lege oinarrizkoena indarrean jartzea.

Izan ere, “euskara guztiona da” aldarrikatzen dugunean, hori baizik ez gara esaten ari: elebidunak gauzatu dezakeen hizkuntza aukerari bidea zabaltzea, herritar eta instituzio orori dagokion betekizuna da, eta ez elebidunen kontzientziaren eta ahalbide edo gogoaren baitan soil-soilik utz daitekeen zerbait. Elebidunaren eskubidea ez da sekula inolako gatazkaren iturburua; gatazkarik balego, elkarbizitzaren arauekin zerikusirik ez duten jarrerek eragindakoa izango da, eta euskal herritar guztion eginkizuna da, zeinahi delarik ere norberaren hizkuntza aukera, jarrera horiek gure artetik behin betiko uxatzea.

Azken batean, elkarbizitzarako gaitasunak gizaki hobeak egiten bagaitu, eleaniztasunak herritar hobeak egiten gaitu. Izan ere, eta Ghoete handiak zionez, “norberaren hizkuntza baino ezagutzen ez duenak, ez du norberarena ezagutzen”.

 

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